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OPINIÓN | «NO HAY QUE CONFUNDIR LEALTAD CON OBSECUENCIA»: LA FIRME POSICIÓN DE ALLIANA QUE FRACTURA AL CARTISMO Y NUTRE AL PEÑISMO

En la política paraguaya no existen las casualidades, sino las causalidades. Lo que hoy satura los micrófonos de medios informativos como Ñandutí no es un simple «arañazo» interno, como intentó minimizar el presidente del Congreso, Basilio «Bachi» Núñez. Estamos ante una fractura tectónica y sistémica dentro de Honor Colorado, una crisis que desnuda el agotamiento de un modelo de conducción verticalista y que, de manera silenciosa pero sostenida, está sirviendo como incubadora para una nueva corriente de poder: el peñismo.

📅 13/10/2026 15:13 👤 red24 👁️ 14 lecturas
OPINIÓN | «NO HAY QUE CONFUNDIR LEALTAD CON OBSECUENCIA»: LA FIRME POSICIÓN DE ALLIANA QUE FRACTURA AL CARTISMO Y NUTRE AL PEÑISMO
OPINIÓN | «NO HAY QUE CONFUNDIR LEALTAD CON OBSECUENCIA»: LA FIRME POSICIÓN DE ALLIANA QUE FRACTURA AL CARTISMO Y NUTRE AL PEÑISMO



En la política paraguaya no existen las casualidades, sino las causalidades. Lo que hoy satura los micrófonos de medios informativos como Ñandutí no es un simple «arañazo» interno, como intentó minimizar el presidente del Congreso, Basilio «Bachi» Núñez. Estamos ante una fractura tectónica y sistémica dentro de Honor Colorado, una crisis que desnuda el agotamiento de un modelo de conducción verticalista y que, de manera silenciosa pero sostenida, está sirviendo como incubadora para una nueva corriente de poder: el peñismo.

El detonante es de dominio público. Tras una reunión reservada con el líder de la ANR, Horacio Cartes, el presidente Santiago Peña le adelantó al vicepresidente Pedro Alliana que el comando había decidido apartarlo de la chapa presidencial de 2028 para ungir al actual ministro Juan Carlos Baruja. Lejos de acatar la directriz con la sumisión que históricamente caracterizó al cartismo ortodoxo, Alliana lanzó un misil político al confirmar la filtración de la noticia y afirmar categóricamente: «No, no, no, no. No, no voy a descabalgar».

La postura adoptada por el vicepresidente marca un punto de inflexión. En sus propias declaraciones, Alliana desnudó su sentir frente a la presión de la cúpula: «Te juro que esto me alivia el corazón, me da tanta tranquilidad porque me da mucho más autonomía y va cumpliendo mis tiempos». Con la destreza de quien conoce a la perfección el internismo, trazó la línea roja que hoy divide al partido: «No hay que confundir la lealtad con la obsecuencia, y ahí es donde yo no estoy». Aunque Alliana mantiene un discurso diplomático y de respeto institucional hacia Horacio Cartes, reconociendo su labor como presidente del partido, su negativa a someterse a un mandato arbitrario evidencia una emancipación política sin retorno.

Para entender este quiebre desde la óptica politológica, hay que retroceder a los eventos recientes que sirvieron de catalizador. El cartismo no cambió la chapa por capricho, lo hizo por pánico. La paliza electoral sufrida en las recientes elecciones municipales, especialmente la derrota en Asunción ante la opositora Soledad Núñez (quien admitió haber ganado «con votos colorados»), encendió todas las alarmas sobre el hartazgo de las bases. Frente al internismo generado por esta derrota, Alliana fue tajante al desmarcarse de culpas ajenas: «A ellos se les dio la oportunidad, perdieron las internas... el pueblo colorado eligió a Camilo Pérez», recordando que no se debe mirar el problema como una cuestión personal, sino institucional.

Este voto castigo obligó a la cúpula a buscar una figura de perfil bajo y absoluta obediencia como Juan Carlos Baruja. Sin embargo, el tablero ya había cambiado. Alliana no está solo; cuenta con el respaldo de más de 1.500 dirigentes y autoridades que ya habían legitimado su proyecto.

La verdadera causalidad de esta rebelión tiene nombre y apellido: autonomía financiera. La inyección de gigantescos presupuestos descentralizados a través de programas como Hambre Cero ha dotado a los gobernadores del G15, bajo el liderazgo de César «Cesarito» Sosa, de una musculatura económica propia, rompiendo la dependencia de la chequera central. Hoy, los liderazgos territoriales ya no necesitan pedir permiso en Asunción para hacer política.

Ante esta pérdida de hegemonía, el núcleo duro del cartismo ha reaccionado con hostilidad. Senadores que asumen el rol de «militantes» ortodoxos, como Gustavo Leite y Antonio Barrios, exigen disciplina absolutista. La desesperación ha llegado al extremo de que se instrumentalicen instituciones financieras como el Banco Central del Paraguay (BCP) a modo de «garrote» político, generando una zozobra en la economía nacional que la propia senadora colorada Lilian Samaniego calificó de «antipatriota», apuntando directamente a las tácticas de Leite.

¿Qué se viene ahora? El senador Silvio «Beto» Ovelar ya lo advirtió: hay una grave pérdida de disciplina interna y un ambiente de conspiración. El escenario ineludible apunta a la competencia de chapas abiertas en las internas partidarias. Alliana, sintiéndose «aliviado» y fortalecido, se ha convertido en el paraguas bajo el cual se aglutinan todos los descontentos.

Y en el centro de la tormenta, Santiago Peña observa. Mientras el cartismo más recalcitrante y los nuevos «tradicionalistas» que respaldan al vicepresidente se desgastan en la pugna, el presidente de la República consolida silenciosamente el «peñismo». El ajedrez colorado está en pleno movimiento, y lo que hoy presenciamos no es un mero cambio de candidaturas, sino el fin de la obsecuencia y la reconfiguración total del poder en Paraguay de cara al 2028.

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