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¡Milagro en el ruedo político! Beto Ovelar y Celeste Amarilla por fin se ponen de acuerdo en algo: el repudio a las encuestas

Las elecciones municipales dejaron una inesperada coincidencia entre los senadores Celeste Amarilla y Silvio “Beto” Ovelar: ambos cuestionaron duramente las encuestas y bocas de urna difundidas durante la campaña y la jornada electoral. Con estilos diferentes, apuntaron contra estudios que, según sostienen, no reflejaron el comportamiento final de los votantes, principalmente en Asunción y distritos de Central. Sus críticas reabren el debate sobre la metodología, el financiamiento y la utilización política de las encuestas en Paraguay.

📅 05/10/2026 21:47 👤 red24 👁️ 50 lecturas
¡Milagro en el ruedo político! Beto Ovelar y Celeste Amarilla por fin se ponen de acuerdo en algo: el repudio a las encuestas
En el polarizado escenario de la política paraguaya, encontrar un punto de consenso entre figuras con perfiles tan antagónicos y combativos como la senadora Celeste Amarilla y el senador Silvio “Beto” Ovelar parecía una tarea destinada al fracaso. Sin embargo, los recientes reveses electorales y el turbulento clima político han logrado lo impensable: alinear a ambos legisladores en una misma cruzada. El enemigo en común no es un partido rival ni un proyecto de ley, sino las encuestas y las bocas de urna, refiriéndose ambos principalmente al caso de Asunción y otros distritos de Central, aunque finalmente lo aplicaron para todo el país.

Ambos referentes, desde sus respectivas trincheras, han lanzado dardos envenenados contra las consultoras y los medios de comunicación que difunden estos estudios, acusándolos de ser instrumentos de manipulación y no de medición. Lo que para muchos es una radiografía del momento electoral, para Amarilla y Ovelar se ha convertido en un fraude sistemático diseñado para torcer la voluntad popular y generar descalabros financieros en las campañas.

A continuación, desglosamos las encendidas expresiones de ambos políticos, quienes, sin haberlo planeado, hoy cantan a dúo en contra de la demoscopia paraguaya:

Las acusaciones de Celeste Amarilla:

1. La falsedad como norma: La legisladora no se guardó adjetivos al calificar los estudios demoscópicos como una “mentira tremenda”, asegurando que “nunca acertaron” y que inventaban ventajas absurdas de “60, 30 puntos” para instalar que ciertos candidatos “arrasaban” en distritos clave.

2. El sabotaje financiero: Amarilla denunció el impacto económico real de estas publicaciones el día de los comicios. Explicó que las bocas de urna falsas ahuyentan a los financistas y colaboradores de las mesas, quienes dejan de aportar recursos cuando los números preliminares indican que su candidato está perdiendo.

3. El delito electoral: Elevando el tono de la denuncia, subrayó que la divulgación de estas encuestas manipuladas no es solo una falta de ética, sino un “delito electoral” penado por el Código Electoral, apuntando directamente a encuestadores y directivos de medios.

El descargo de Silvio “Beto” Ovelar:

1. La “prostitución” de la herramienta: Ovelar fue tajante y lapidario sobre la degradación de estos estudios, afirmando: “Si hay algo que se ha prostituido en este país son las encuestas. Y las bocas de urna también, lamentablemente. Se dibujan”.

2. El espejismo electoral (“Masturbatio mentis”): El senador argumentó que las encuestas perdieron su propósito original de orientar decisiones para convertirse en armas de propaganda. “Lamentablemente, una herramienta en cierto tiempo tiene que ser la encuesta. Y eso se ha prostituido para imponer una percepción favorable. Y esa es la peor, es una masturbatio mentis”, sentenció.

3. La desconexión y el factor del elector escurridizo: Reconociendo que los números no reflejaron la realidad, concluyó que las bocas de urna “le mintieron”. Además, introdujo una variable sociológica: admitió que muchos electores pudieron haber ocultado su verdadera intención, declarando a los encuestadores haber votado por la Lista 1 cuando en realidad optaron por la oposición o el voto en blanco.

Análisis político: La demoscopia en el banquillo de los acusados

Observar a Ovelar y Amarilla coincidir en este diagnóstico es fascinante. Su frustración compartida desnuda una crisis profunda no solo en la clase política, sino en el ecosistema de la comunicación y la consultoría política en Paraguay.

Desde una perspectiva técnica y objetiva, las encuestas y bocas de urna son herramientas científicas fundamentales en cualquier democracia moderna; son fotografías de un momento específico. Sin embargo, lo que denuncian ambos políticos tiene un asidero en la realidad paraguaya: la instrumentalización de la demoscopia. En Paraguay, la encuesta ha dejado de ser una herramienta de medición para convertirse en una herramienta de inducción. Se publican números inflados no para reflejar lo que la gente piensa, sino para decirle a la gente y, sobre todo, a los financistas de campaña cómo deben actuar.

La queja de Celeste Amarilla sobre el daño financiero expone una verdad incómoda de nuestra política criolla: el clientelismo y la logística del “Día D” dependen del entusiasmo y la percepción de victoria. Si una boca de urna “dibuja” una derrota al mediodía, la estructura se desmorona por la tarde.

Por su parte, el análisis de Ovelar sobre la masturbatio mentis y el elector que miente da en el clavo de un fenómeno global conocido como el “voto vergonzante” o la “espiral del silencio”. Las encuestadoras tradicionales en Paraguay a menudo fallan porque sus metodologías son arcaicas y no logran penetrar la desconfianza del ciudadano, quien hoy prefiere ocultar su voto ante el temor a represalias o simplemente por hastío hacia la clase dirigente.

Conclusión: ¿Tienen razón Beto y Celeste? Sí y no. Tienen razón al denunciar que muchas encuestas locales operan como panfletos publicitarios disfrazados de ciencia. Pero se equivocan si creen que “matando al mensajero” o prohibiendo las encuestas resolverán el problema. El fracaso de los candidatos no se debe únicamente a los números inventados de una consultora, sino a la incapacidad de sus propias estructuras para conectar genuinamente con un electorado que está cambiando, que ya no responde a los mandatos tradicionales y que, silenciosamente en el cuarto oscuro, está aprendiendo a cobrar facturas.

Que ambos coincidan hoy es un síntoma claro de que el viejo manual de la política paraguaya está caducando. Cuando la estructura y la propaganda fallan, los políticos se quedan sin brújula y, por primera vez, disparan hacia el mismo lado.

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