Beto Ovelar responde a Esgaib: el cruce que desnuda las grietas en Honor Colorado
El enfrentamiento verbal entre el diputado Yamil Esgaib y el senador Silvio “Beto” Ovelar expuso nuevamente las tensiones existentes dentro de Honor Colorado. Tras el incidente registrado en la sede de la ANR, donde Esgaib cuestionó los supuestos privilegios de dirigentes partidarios y lanzó una descalificación contra Ovelar, el senador respondió con ironía y cuestionó al diputado por la situación de su título universitario. El episodio se produce en medio de diferencias políticas que vienen acumulándose dentro del oficialismo colorado
Como publicamos, un nuevo y bochornoso capítulo de la interna del Partido Colorado tuvo lugar en la sede central de la Asociación Nacional Republicana (ANR). El protagonista inicial de la jornada fue el diputado cartista Yamil Esgaib, quien, tras ver frustrado su ingreso a la Junta de Gobierno por parte de la guardia de seguridad privada, estalló en furia frente a la prensa. En su ofuscación, el legislador denunció la existencia de “capos” que cuentan con privilegios de libre tránsito y personalizó su enojo en el senador Silvio “Beto” Ovelar, a quien descalificó públicamente con el agravio de tinte homofóbico “motor trasero”.
La réplica de Ovelar, lejos de buscar apaciguar las aguas, llegó cargada de ironía y descalificaciones directas. En un primer momento, el senador negó haber emitido alguna orden para restringir el paso de su correligionario y desestimó entrar en debates con quien, según sus propias palabras, padece un “problema psiquiátrico”.
Para desactivar el ataque hacia su sexualidad, Ovelar recurrió a su ya conocido uso estratégico del guaraní y el humor autodepreciativo. El legislador respondió textualmente: “Imaginate, no estaba ni en la Junta de Gobierno, la che tuja rire ajapírõ che arco lado, ndaikuái mba'épa aganáta ajapórõ upéa”.
Sin embargo, el dardo más venenoso de Ovelar no fue la metáfora futbolística, sino el contragolpe dirigido hacia la legitimidad institucional de Esgaib. Refiriéndose a las investigaciones sobre títulos universitarios obtenidos en tiempos incompatibles con las normativas académicas vigentes, Ovelar sentenció: “Tiene que preocuparse más en si su título es verdadero o no”.
Análisis: ¿Por qué Yamil Esgaib fijó su blanco específicamente en Ovelar?
Para comprender la raíz de esta hostilidad dirigida, es necesario apartar la mirada de la anécdota y analizar la actual topografía de poder dentro del oficialismo. La frase de Esgaib sobre los “capos que entran cuando quieren” no fue producto del azar, sino el síntoma de una profunda crisis de representación y celos políticos en el seno de Honor Colorado.
En primer lugar, existe un factor de resentimiento vinculado al origen político. Yamil Esgaib se autopercibe como un militante orgánico y un leal “cartista de la primera hora”. Silvio Ovelar, por el contrario, es visto por este sector duro como un forastero; un dirigente que provino del movimiento disidente Colorado y que migró al cartismo a través de pactos de cúpula. Para la militancia dogmática que representa Esgaib, ver a un exabdista dictando directrices y pretendiendo controlar los hilos del partido resulta una usurpación inaceptable.
En segundo lugar, el contexto inmediato jugó un papel detonante con las diferencias que tuvieron los diputados con el senador en el tratamiento para la aprobación de un préstamo millonario para obras viales en el interior del país, donde el senador Ovelar fue acusado de querer imponer una aprobación inmediata y todavía con algún tipo de interés personal en ello. Y ayer, en medio de los nervios por las elecciones y la “guerra electoral” por Asunción, el acceso al “cuarto de operaciones” donde se toman las decisiones y se procesan las victorias y derrotas terminó ardiendo Troya.
Al ser bloqueado en la puerta por los guardias, Esgaib experimentó la materialización de su peor temor: a pesar de su lealtad, estaba siendo excluido de las esferas donde realmente se ejerce el poder. Que un político del perfil como Ovelar tuviera (en la mente de Esgaib) el poder de admitirlo o vetarlo hizo que la frustración acumulada estallara. Por lo tanto, el insulto de “motor trasero” no fue solo un ataque personal, sino el grito desesperado de un operador político desplazado que busca socavar y deslegitimar a adversarios de su propio movimiento.
La réplica de Ovelar, lejos de buscar apaciguar las aguas, llegó cargada de ironía y descalificaciones directas. En un primer momento, el senador negó haber emitido alguna orden para restringir el paso de su correligionario y desestimó entrar en debates con quien, según sus propias palabras, padece un “problema psiquiátrico”.
Para desactivar el ataque hacia su sexualidad, Ovelar recurrió a su ya conocido uso estratégico del guaraní y el humor autodepreciativo. El legislador respondió textualmente: “Imaginate, no estaba ni en la Junta de Gobierno, la che tuja rire ajapírõ che arco lado, ndaikuái mba'épa aganáta ajapórõ upéa”.
Sin embargo, el dardo más venenoso de Ovelar no fue la metáfora futbolística, sino el contragolpe dirigido hacia la legitimidad institucional de Esgaib. Refiriéndose a las investigaciones sobre títulos universitarios obtenidos en tiempos incompatibles con las normativas académicas vigentes, Ovelar sentenció: “Tiene que preocuparse más en si su título es verdadero o no”.
Análisis: ¿Por qué Yamil Esgaib fijó su blanco específicamente en Ovelar?
Para comprender la raíz de esta hostilidad dirigida, es necesario apartar la mirada de la anécdota y analizar la actual topografía de poder dentro del oficialismo. La frase de Esgaib sobre los “capos que entran cuando quieren” no fue producto del azar, sino el síntoma de una profunda crisis de representación y celos políticos en el seno de Honor Colorado.
En primer lugar, existe un factor de resentimiento vinculado al origen político. Yamil Esgaib se autopercibe como un militante orgánico y un leal “cartista de la primera hora”. Silvio Ovelar, por el contrario, es visto por este sector duro como un forastero; un dirigente que provino del movimiento disidente Colorado y que migró al cartismo a través de pactos de cúpula. Para la militancia dogmática que representa Esgaib, ver a un exabdista dictando directrices y pretendiendo controlar los hilos del partido resulta una usurpación inaceptable.
En segundo lugar, el contexto inmediato jugó un papel detonante con las diferencias que tuvieron los diputados con el senador en el tratamiento para la aprobación de un préstamo millonario para obras viales en el interior del país, donde el senador Ovelar fue acusado de querer imponer una aprobación inmediata y todavía con algún tipo de interés personal en ello. Y ayer, en medio de los nervios por las elecciones y la “guerra electoral” por Asunción, el acceso al “cuarto de operaciones” donde se toman las decisiones y se procesan las victorias y derrotas terminó ardiendo Troya.
Al ser bloqueado en la puerta por los guardias, Esgaib experimentó la materialización de su peor temor: a pesar de su lealtad, estaba siendo excluido de las esferas donde realmente se ejerce el poder. Que un político del perfil como Ovelar tuviera (en la mente de Esgaib) el poder de admitirlo o vetarlo hizo que la frustración acumulada estallara. Por lo tanto, el insulto de “motor trasero” no fue solo un ataque personal, sino el grito desesperado de un operador político desplazado que busca socavar y deslegitimar a adversarios de su propio movimiento.




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