La reforma monetaria del siglo: el BCP presenta la nueva familia de billetes del guaraní, sus retos operativos y la memoria de su estabilidad
Tras más de seis décadas sin una reestructuración integral de su papel moneda, Paraguay proyecta la circulación de una nueva familia de billetes a partir de 2027. La renovación contempla materiales más resistentes, tamaños diferenciados, elementos táctiles para personas con discapacidad visual y diseños inspirados en la historia, la cultura y la biodiversidad nacional. El Banco Central del Paraguay mantendrá las seis denominaciones actuales, sin eliminar ceros ni introducir billetes de mayor valor, en una transformación que también exigirá adecuaciones al sistema financiero.
En el marco del 83.º aniversario de la fundación del guaraní como signo monetario de la República, el Banco Central del Paraguay (BCP) hizo pública la primera reforma integral en el diseño, ergonomía y especificaciones técnicas de su cono fiduciario en más de sesenta años. El proyecto, originalmente concebido en 2021 y reactivado por el directorio presidido por Carlos Carvallo Spalding, marca un punto de inflexión no solo en la identidad visual del circulante, sino en la interacción cotidiana de los ciudadanos con el dinero físico.
Se proyecta que las nuevas piezas comiencen a distribuirse de manera paulatina a partir del primer trimestre de 2027, coexistiendo con los billetes actuales sin pérdida de valor cancelatorio para estos últimos. Esta transformación involucra dimensiones inclusivas, innovaciones en ingeniería de sustratos, la resistencia técnica frente a la reconversión nominal y un relato cultural que plasma la historia biológica y humana del país.
INNOVACIÓN TÉCNICA, SUSTRATOS Y DISEÑO INCLUSIVO
El cono monetario conservará sus seis valores vigentes: G. 2.000, G. 5.000, G. 10.000, G. 20.000, G. 50.000 y G. 100.000. Sin embargo, la fisonomía de las piezas sufrirá una alteración calculada con criterios de inclusión y durabilidad:
1. La escala decreciente de 7 milímetros
Todos los billetes mantendrán idéntico ancho, pero su longitud variará en una escala decreciente de 7 mm entre cada valor correlativo. El billete de mayor valor, G. 100.000, será el más largo; el de menor valor, G. 2.000, medirá 35 milímetros menos.
Siguiendo modelos ya implementados en entidades bancarias centrales como las de Costa Rica y México, esta geometría permite que personas con discapacidad visual y adultos mayores reconozcan la denominación simplemente comparando los bordes al alinear los billetes.
2. Matrices de relieve táctil (intaglio)
Como elemento complementario de accesibilidad, los billetes incorporan códigos táctiles en relieve: puntos en el vértice superior izquierdo en los cortes plásticos (dos para G. 2.000, cuatro para G. 5.000 y seis para G. 10.000) y grupos de líneas en los márgenes laterales en las denominaciones de algodón.
3. Migración del billete de G. 10.000 al polímero
Una de las principales determinaciones operativas consiste en la migración del billete de G. 10.000 a sustrato de polímero (plástico), emparejándose con los de G. 2.000 y G. 5.000.
Estudios técnicos demuestran que las denominaciones de baja y mediana rotación experimentan un desgaste acelerado debido a la alta velocidad de circulación minorista. El polímero otorga impermeabilidad, resistencia al desgarro y rechazo a la suciedad, reduciendo significativamente los costos de reemplazo periódico e incineración para el BCP.
En contraste, las denominaciones de G. 20.000, G. 50.000 y G. 100.000 se imprimirán en papel 100 % de algodón con capas de barniz antiensuciamiento, optimizando el costo de producción para billetes que registran menor fricción y mayor índice de atesoramiento bancario.
CARACTERÍSTICAS DE LAS NUEVAS DENOMINACIONES
| Denominación | Material | Dimensiones relativas | Elementos táctiles destacados |
|---|---|---|---|
| G. 2.000 | Polímero (plástico) | Base mínima (35 mm menos que el corte máximo) | 2 puntos en esquina superior izquierda |
| G. 5.000 | Polímero (plástico) | +7 mm respecto al corte de G. 2.000 | 4 puntos en esquina superior izquierda |
| G. 10.000 | Polímero (plástico, nuevo) | +14 mm respecto al corte de G. 2.000 | 6 puntos en esquina superior izquierda |
| G. 20.000 | Papel 100 % algodón | +21 mm respecto al corte de G. 2.000 | Un grupo de 3 líneas laterales en relieve |
| G. 50.000 | Papel 100 % algodón | +28 mm respecto al corte de G. 2.000 | Dos grupos de líneas laterales en relieve |
| G. 100.000 | Papel 100 % algodón | Longitud máxima del cono monetario | Tres grupos de 3 líneas laterales en relieve |
LA SEMIÓTICA DEL CIRCULANTE: ECORREGIONES Y PATRIMONIO NACIONAL
El nuevo relato iconográfico descentraliza la tradición de retratar exclusivamente figuras castrenses o monumentos institucionales, incorporando un balance entre la historia cívica y la diversidad biogeográfica de las seis ecorregiones del país:
G. 2.000: Anverso con retratos de pueblos originarios basados en obras del artista Koki Ruiz, junto a la guampa de tereré. En el reverso, el Chaco Húmedo, protagonizado por el yaguareté (Panthera onca), la serpiente kuriju y el quebracho colorado.
G. 5.000: Rinde tributo a las misiones religiosas a través de las figuras de San Roque González de Santa Cruz y Fray Juan Bernardo Colmán, integrando el tejido del ñandutí. El reverso representa a la ecorregión de Ñeembucú, con el yacaré yrupê (Victoria cruziana), el caimán yacaré overo y la rana ju'i pakova.
G. 10.000: Ilustra a los próceres Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia y Don Carlos Antonio López, junto al tejido tradicional de ao po'i. El reverso plasma los bosques del Amambay, el aguará guasú, la planta medicinal katuaba y una novedad botánica internacional: el hongo Geastrum saccatum («estrella de la tierra»), que visibiliza al reino fungi en el papel moneda.
G. 20.000: Representa la defensa de la soberanía nacional con los mariscales Francisco Solano López y José Félix Estigarribia, acompañados por el poncho para'i de 60 listas. En el reverso, la ecorregión del Pantanal exhibe a la nutria gigante, el surubí moteado y la palmera karanda'y.
G. 50.000: Reconoce el valor de la educación a través de las educadoras Celsa y Adela Speratti, incorporando el quehacer cerámico del ñai'ũpo. Su reverso abarca el Chaco Seco con el taguá (Catagonus wagneri), el escarabajo lembu toro arcoíris y el árbol samu'û.
G. 100.000: Traslada la máxima denominación al ámbito cultural, inmortalizando a los máximos exponentes de la música paraguaya: el guitarrista Agustín Pío Barrios «Mangoré» y el creador de la guarania, José Asunción Flores, acompañados del arpa paraguaya. El reverso está consagrado a los remanentes del Bosque Atlántico con el pájaro campana en su hábitat natural.
RETOS LOGÍSTICOS Y DEBATES MACROECONÓMICOS: ¿POR QUÉ NO QUITAR CEROS NI EMITIR EL CORTE DE G. 500.000?
La renovación reabrió debates técnicos sustanciales en el ámbito financiero. Para 2026, el volumen de transacciones de la economía nacional proyecta un Producto Interno Bruto (PIB) nominal que exige 15 dígitos para su expresión contable (alrededor de G. 454 billones, equivalentes a más de US$ 60.500 millones), cifra que según cálculos del BCP requerirá 16 dígitos hacia el año 2035.
A pesar de la incomodidad informática que suscitan estas magnitudes, el Banco Central descartó reflotar proyectos legislativos de reconversión monetaria (eliminación de tres ceros). Los analistas coinciden en que la supresión de ceros suele vincularse a economías que han perdido el control de su inflación, enviando una señal equívoca a los mercados externos. Asimismo, se previene el riesgo de «redondeos» comerciales al alza.
En idéntico sentido, se desestimó la creación de un billete de G. 500.000. Aunque el billete de G. 100.000 lleva casi tres décadas como la máxima unidad disponible —desgastando su poder de compra frente a las transacciones de mayor escala—, emitir un corte superior facilitaría el almacenamiento ilícito y la informalidad.
La estrategia estatal apunta, en cambio, a empujar las transacciones hacia la trazabilidad de los pagos electrónicos mediante el Sistema de Pagos del Paraguay (SIPAP).
A nivel operativo, las entidades bancarias y las empresas procesadoras deberán emprender una recalibración masiva de cajeros automáticos (ATM), recicladoras y lectores ópticos en todo el territorio para garantizar la lectura de las medidas variables de 7 mm antes del inicio de la distribución en 2027.
LA MEMORIA DE LA MONEDA: DEL CAOS DE DIVISAS A OCHO DÉCADAS DE RESILIENCIA
La trascendencia de esta nueva familia cobra verdadero relieve al examinar el recorrido histórico del signo nacional.
Hacia la primera mitad del siglo XX, Paraguay atravesaba una severa anarquía transaccional. El mercado dependía de monedas fraccionarias de difícil convertibilidad, del peso fuerte paraguayo (creado en 1856) y de una profusa penetración de billetes argentinos, libras esterlinas y monedas europeas, lo que dejaba el comercio asunceno vulnerable a fluctuaciones externas y a la especulación cambiaria cotidiana.
La solución estructural arribó el 5 de octubre de 1943, cuando el Poder Ejecutivo promulgó el Decreto-Ley N.º 655 bajo la presidencia de Higinio Morínigo, instaurando el guaraní como unidad monetaria oficial. La paridad de transición se fijó en 100 pesos fuertes por cada 1 guaraní, aplicándose en 1944 el mecanismo temporal de billetes resellados para efectuar el canje ordenado en ventanilla y disipar cualquier brote de desconfianza social.
Al nacer, el guaraní gozaba de un poder adquisitivo extraordinario: un dólar estadounidense cotizaba a apenas 32 centavos de guaraní (haciendo que un guaraní equivaliese a unos tres dólares contemporáneos). Con el paso de 83 años, las presiones inflacionarias acumularon un desgaste cercano al 686.000 %.
Ejemplos del consumo básico documentan dicha transformación:
- Un litro de leche costaba G. 1 en 1943; subió a G. 60 en 1980 y ronda actualmente los G. 7.000.
- El salario mínimo legal pasó de G. 22.065 en 1980 a superar los G. 3.044.000 en la actualidad.
- El billete de G. 1 original ha desaparecido de la circulación, siendo la moneda de G. 50 la unidad nominal mínima sobreviviente.
Pese a ese deslizamiento inevitable en casi un siglo, el guaraní comparte con el peso colombiano el récord de ser las únicas dos monedas de la región que jamás han tenido que cambiar de denominación mediante quitas forzosas de ceros provocadas por hiperinflaciones terminales.
Con la llegada de la nueva familia en 2027, el guaraní da un salto hacia la modernidad en sus estándares de seguridad y accesibilidad. Un hito donde la técnica fiduciaria contemporánea no reemplaza a la memoria, sino que la plasma en las manos de toda la ciudadanía.
Se proyecta que las nuevas piezas comiencen a distribuirse de manera paulatina a partir del primer trimestre de 2027, coexistiendo con los billetes actuales sin pérdida de valor cancelatorio para estos últimos. Esta transformación involucra dimensiones inclusivas, innovaciones en ingeniería de sustratos, la resistencia técnica frente a la reconversión nominal y un relato cultural que plasma la historia biológica y humana del país.
INNOVACIÓN TÉCNICA, SUSTRATOS Y DISEÑO INCLUSIVO
El cono monetario conservará sus seis valores vigentes: G. 2.000, G. 5.000, G. 10.000, G. 20.000, G. 50.000 y G. 100.000. Sin embargo, la fisonomía de las piezas sufrirá una alteración calculada con criterios de inclusión y durabilidad:
1. La escala decreciente de 7 milímetros
Todos los billetes mantendrán idéntico ancho, pero su longitud variará en una escala decreciente de 7 mm entre cada valor correlativo. El billete de mayor valor, G. 100.000, será el más largo; el de menor valor, G. 2.000, medirá 35 milímetros menos.
Siguiendo modelos ya implementados en entidades bancarias centrales como las de Costa Rica y México, esta geometría permite que personas con discapacidad visual y adultos mayores reconozcan la denominación simplemente comparando los bordes al alinear los billetes.
2. Matrices de relieve táctil (intaglio)
Como elemento complementario de accesibilidad, los billetes incorporan códigos táctiles en relieve: puntos en el vértice superior izquierdo en los cortes plásticos (dos para G. 2.000, cuatro para G. 5.000 y seis para G. 10.000) y grupos de líneas en los márgenes laterales en las denominaciones de algodón.
3. Migración del billete de G. 10.000 al polímero
Una de las principales determinaciones operativas consiste en la migración del billete de G. 10.000 a sustrato de polímero (plástico), emparejándose con los de G. 2.000 y G. 5.000.
Estudios técnicos demuestran que las denominaciones de baja y mediana rotación experimentan un desgaste acelerado debido a la alta velocidad de circulación minorista. El polímero otorga impermeabilidad, resistencia al desgarro y rechazo a la suciedad, reduciendo significativamente los costos de reemplazo periódico e incineración para el BCP.
En contraste, las denominaciones de G. 20.000, G. 50.000 y G. 100.000 se imprimirán en papel 100 % de algodón con capas de barniz antiensuciamiento, optimizando el costo de producción para billetes que registran menor fricción y mayor índice de atesoramiento bancario.
CARACTERÍSTICAS DE LAS NUEVAS DENOMINACIONES
| Denominación | Material | Dimensiones relativas | Elementos táctiles destacados |
|---|---|---|---|
| G. 2.000 | Polímero (plástico) | Base mínima (35 mm menos que el corte máximo) | 2 puntos en esquina superior izquierda |
| G. 5.000 | Polímero (plástico) | +7 mm respecto al corte de G. 2.000 | 4 puntos en esquina superior izquierda |
| G. 10.000 | Polímero (plástico, nuevo) | +14 mm respecto al corte de G. 2.000 | 6 puntos en esquina superior izquierda |
| G. 20.000 | Papel 100 % algodón | +21 mm respecto al corte de G. 2.000 | Un grupo de 3 líneas laterales en relieve |
| G. 50.000 | Papel 100 % algodón | +28 mm respecto al corte de G. 2.000 | Dos grupos de líneas laterales en relieve |
| G. 100.000 | Papel 100 % algodón | Longitud máxima del cono monetario | Tres grupos de 3 líneas laterales en relieve |
LA SEMIÓTICA DEL CIRCULANTE: ECORREGIONES Y PATRIMONIO NACIONAL
El nuevo relato iconográfico descentraliza la tradición de retratar exclusivamente figuras castrenses o monumentos institucionales, incorporando un balance entre la historia cívica y la diversidad biogeográfica de las seis ecorregiones del país:
G. 2.000: Anverso con retratos de pueblos originarios basados en obras del artista Koki Ruiz, junto a la guampa de tereré. En el reverso, el Chaco Húmedo, protagonizado por el yaguareté (Panthera onca), la serpiente kuriju y el quebracho colorado.
G. 5.000: Rinde tributo a las misiones religiosas a través de las figuras de San Roque González de Santa Cruz y Fray Juan Bernardo Colmán, integrando el tejido del ñandutí. El reverso representa a la ecorregión de Ñeembucú, con el yacaré yrupê (Victoria cruziana), el caimán yacaré overo y la rana ju'i pakova.
G. 10.000: Ilustra a los próceres Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia y Don Carlos Antonio López, junto al tejido tradicional de ao po'i. El reverso plasma los bosques del Amambay, el aguará guasú, la planta medicinal katuaba y una novedad botánica internacional: el hongo Geastrum saccatum («estrella de la tierra»), que visibiliza al reino fungi en el papel moneda.
G. 20.000: Representa la defensa de la soberanía nacional con los mariscales Francisco Solano López y José Félix Estigarribia, acompañados por el poncho para'i de 60 listas. En el reverso, la ecorregión del Pantanal exhibe a la nutria gigante, el surubí moteado y la palmera karanda'y.
G. 50.000: Reconoce el valor de la educación a través de las educadoras Celsa y Adela Speratti, incorporando el quehacer cerámico del ñai'ũpo. Su reverso abarca el Chaco Seco con el taguá (Catagonus wagneri), el escarabajo lembu toro arcoíris y el árbol samu'û.
G. 100.000: Traslada la máxima denominación al ámbito cultural, inmortalizando a los máximos exponentes de la música paraguaya: el guitarrista Agustín Pío Barrios «Mangoré» y el creador de la guarania, José Asunción Flores, acompañados del arpa paraguaya. El reverso está consagrado a los remanentes del Bosque Atlántico con el pájaro campana en su hábitat natural.
RETOS LOGÍSTICOS Y DEBATES MACROECONÓMICOS: ¿POR QUÉ NO QUITAR CEROS NI EMITIR EL CORTE DE G. 500.000?
La renovación reabrió debates técnicos sustanciales en el ámbito financiero. Para 2026, el volumen de transacciones de la economía nacional proyecta un Producto Interno Bruto (PIB) nominal que exige 15 dígitos para su expresión contable (alrededor de G. 454 billones, equivalentes a más de US$ 60.500 millones), cifra que según cálculos del BCP requerirá 16 dígitos hacia el año 2035.
A pesar de la incomodidad informática que suscitan estas magnitudes, el Banco Central descartó reflotar proyectos legislativos de reconversión monetaria (eliminación de tres ceros). Los analistas coinciden en que la supresión de ceros suele vincularse a economías que han perdido el control de su inflación, enviando una señal equívoca a los mercados externos. Asimismo, se previene el riesgo de «redondeos» comerciales al alza.
En idéntico sentido, se desestimó la creación de un billete de G. 500.000. Aunque el billete de G. 100.000 lleva casi tres décadas como la máxima unidad disponible —desgastando su poder de compra frente a las transacciones de mayor escala—, emitir un corte superior facilitaría el almacenamiento ilícito y la informalidad.
La estrategia estatal apunta, en cambio, a empujar las transacciones hacia la trazabilidad de los pagos electrónicos mediante el Sistema de Pagos del Paraguay (SIPAP).
A nivel operativo, las entidades bancarias y las empresas procesadoras deberán emprender una recalibración masiva de cajeros automáticos (ATM), recicladoras y lectores ópticos en todo el territorio para garantizar la lectura de las medidas variables de 7 mm antes del inicio de la distribución en 2027.
LA MEMORIA DE LA MONEDA: DEL CAOS DE DIVISAS A OCHO DÉCADAS DE RESILIENCIA
La trascendencia de esta nueva familia cobra verdadero relieve al examinar el recorrido histórico del signo nacional.
Hacia la primera mitad del siglo XX, Paraguay atravesaba una severa anarquía transaccional. El mercado dependía de monedas fraccionarias de difícil convertibilidad, del peso fuerte paraguayo (creado en 1856) y de una profusa penetración de billetes argentinos, libras esterlinas y monedas europeas, lo que dejaba el comercio asunceno vulnerable a fluctuaciones externas y a la especulación cambiaria cotidiana.
La solución estructural arribó el 5 de octubre de 1943, cuando el Poder Ejecutivo promulgó el Decreto-Ley N.º 655 bajo la presidencia de Higinio Morínigo, instaurando el guaraní como unidad monetaria oficial. La paridad de transición se fijó en 100 pesos fuertes por cada 1 guaraní, aplicándose en 1944 el mecanismo temporal de billetes resellados para efectuar el canje ordenado en ventanilla y disipar cualquier brote de desconfianza social.
Al nacer, el guaraní gozaba de un poder adquisitivo extraordinario: un dólar estadounidense cotizaba a apenas 32 centavos de guaraní (haciendo que un guaraní equivaliese a unos tres dólares contemporáneos). Con el paso de 83 años, las presiones inflacionarias acumularon un desgaste cercano al 686.000 %.
Ejemplos del consumo básico documentan dicha transformación:
- Un litro de leche costaba G. 1 en 1943; subió a G. 60 en 1980 y ronda actualmente los G. 7.000.
- El salario mínimo legal pasó de G. 22.065 en 1980 a superar los G. 3.044.000 en la actualidad.
- El billete de G. 1 original ha desaparecido de la circulación, siendo la moneda de G. 50 la unidad nominal mínima sobreviviente.
Pese a ese deslizamiento inevitable en casi un siglo, el guaraní comparte con el peso colombiano el récord de ser las únicas dos monedas de la región que jamás han tenido que cambiar de denominación mediante quitas forzosas de ceros provocadas por hiperinflaciones terminales.
Con la llegada de la nueva familia en 2027, el guaraní da un salto hacia la modernidad en sus estándares de seguridad y accesibilidad. Un hito donde la técnica fiduciaria contemporánea no reemplaza a la memoria, sino que la plasma en las manos de toda la ciudadanía.




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