Jóvenes estudian entre sacrificios mientras los títulos falsos golpean la credibilidad educativa
Mientras miles de jóvenes paraguayos hacen enormes sacrificios para estudiar, pagar pasajes, sostener una carrera y obtener un título legítimo, el sistema educativo enfrenta cuestionamientos por diplomas presuntamente falsificados y ofertas académicas de dudosa calidad. En el Día de la Juventud, estudiantes reclaman mayor control del Estado, garantías sobre la validez de las carreras y oportunidades reales para quienes buscan construir su futuro mediante la educación, en un país donde el esfuerzo académico convive con casos que golpean la credibilidad del sistema.
Mientras miles de jóvenes paraguayos realizan sacrificios económicos para llegar a las aulas, sostener una carrera y alcanzar un título profesional, los casos de diplomas presuntamente falsificados y las dudas sobre determinadas ofertas académicas generan preocupación sobre la credibilidad de la educación superior.
Este 21 de septiembre, Día de la Juventud, la realidad expone dos caras muy diferentes: estudiantes que deben sortear problemas económicos, largas distancias y desigualdades educativas para seguir estudiando, frente a casos de títulos cuestionados que llegaron incluso hasta instituciones del Estado.
SEIS PASAJES POR DÍA PARA PODER ESTUDIAR
Una de esas historias es la de Damiana Rivarola, una joven indígena de la comunidad Mbya Guaraní de Tarumandy, en Luque.
Tiene 34 años y cursa el tercer año de Trabajo Social en la Universidad Nacional de Asunción (UNA). Para llegar diariamente hasta el campus de San Lorenzo debe utilizar el único colectivo interno disponible desde su comunidad y realizar posteriormente otras conexiones.
El resultado es un gasto de seis pasajes por día solamente para poder estudiar. En ocasiones, incluso pasa más tiempo viajando que dentro de las aulas.
Damiana reconoce que una beca es fundamental para poder continuar sus estudios y relata que otros universitarios atraviesan situaciones todavía más difíciles, incluso con problemas para cubrir su alimentación.
A las dificultades económicas se agrega la discriminación que, según su testimonio, enfrenta por ser indígena. Pese a ello, mantiene su objetivo de graduarse y utilizar su formación profesional para trabajar por los derechos de su comunidad.
EL TEMOR DE ESTUDIAR AÑOS Y QUE EL TÍTULO NO SIRVA
La preocupación no termina en conseguir dinero para estudiar. Para otros jóvenes existe además el temor de dedicar cuatro o cinco años a una carrera y descubrir posteriormente que esta no cuenta con las habilitaciones o acreditaciones correspondientes.
Thiara Pérez, vocera de la Unión Nacional de Centros de Estudiantes del Paraguay (Unepy), relató el caso de un familiar que llegó hasta el último año de una carrera y posteriormente descubrió problemas con su acreditación, situación que lo obligó a trasladarse a otra institución.
La estudiante reclama que las autoridades brinden seguridad a quienes ingresan a la educación superior y garanticen que las carreras ofrecidas cumplan con los requisitos correspondientes.
Tamara Ruiz Díaz, también vocera de la Unepy, manifestó una preocupación similar. La joven señaló además las diferencias de preparación existentes entre estudiantes provenientes de colegios públicos y privados, una desigualdad que posteriormente puede sentirse al momento de intentar ingresar a una universidad.
EL CASO HERNÁN RIVAS Y LOS TÍTULOS CUESTIONADOS
El contraste adquiere una dimensión política con el proceso judicial que enfrenta el exsenador Hernán Rivas.
Rivas llegó a presidir el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados (JEM) utilizando un título de abogado que posteriormente quedó bajo sospecha. Actualmente enfrenta un juicio oral por presunta producción mediata y uso de documentos públicos de contenido falso.
La Fiscalía sostiene que Rivas no cursó la carrera de Derecho entre 2010 y 2015 en la Universidad Sudamericana y afirma que fueron utilizados documentos presuntamente apócrifos y sin trazabilidad académica para gestionar su matriculación ante la Corte Suprema de Justicia. Estas afirmaciones corresponden a la acusación fiscal y deberán ser resueltas judicialmente.
La investigación sobre títulos presuntamente falsificados alcanza una dimensión todavía mayor. De acuerdo con la publicación, una investigación fiscal encabezada por Teresa Sosa indaga la posible existencia de unos 1.500 diplomas falsificados registrados en el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC).
JÓVENES PIDEN MAYORES GARANTÍAS
Los estudiantes reclaman controles más estrictos sobre las instituciones y carreras ofrecidas en el país.
Entre sus principales pedidos aparecen una mayor fiscalización de las instituciones irregulares, información clara sobre las acreditaciones y garantías de que los títulos obtenidos después de años de estudio tengan validez para el ejercicio profesional.
También plantean reducir las diferencias educativas entre colegios públicos y privados, especialmente porque esas brechas terminan afectando posteriormente las posibilidades de ingreso y permanencia en la universidad.
CUANDO EL TÍTULO VALE MÁS QUE EL CONOCIMIENTO
El especialista e investigador en educación superior Jorge García Riart identifica otro problema detrás de esta situación: el denominado “credencialismo”.
El concepto describe un sistema en el cual el título termina funcionando principalmente como una credencial para acceder a determinadas posiciones, dejando en segundo plano los conocimientos, la investigación y las verdaderas competencias profesionales.
García Riart vincula esta situación con la expansión de la educación superior privada y con debilidades históricas de los organismos encargados del control. Según el especialista, alrededor del 80% de la oferta educativa superior está actualmente en manos del sector privado.
El investigador considera necesaria una estructura capaz de brindar información permanente y confiable a estudiantes, profesionales y al propio Estado sobre el funcionamiento del sistema universitario.
ESTUDIAR SIN SABER QUÉ PASARÁ MAÑANA
La educación continúa siendo para miles de jóvenes paraguayos una de las principales herramientas para intentar mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, llegar al título puede significar años de gastos, viajes, sacrificios familiares y dificultades económicas.
A ese esfuerzo se suma ahora otra preocupación: tener la certeza de que la institución elegida está habilitada, que la carrera cumple con las exigencias correspondientes y que el título obtenido después de años de estudio tendrá verdadero respaldo.
En el Día de la Juventud, las historias recogidas muestran una generación que sigue apostando por estudiar, pero que reclama reglas claras, controles efectivos y un sistema donde el esfuerzo académico tenga el mismo valor para todos.
Este 21 de septiembre, Día de la Juventud, la realidad expone dos caras muy diferentes: estudiantes que deben sortear problemas económicos, largas distancias y desigualdades educativas para seguir estudiando, frente a casos de títulos cuestionados que llegaron incluso hasta instituciones del Estado.
SEIS PASAJES POR DÍA PARA PODER ESTUDIAR
Una de esas historias es la de Damiana Rivarola, una joven indígena de la comunidad Mbya Guaraní de Tarumandy, en Luque.
Tiene 34 años y cursa el tercer año de Trabajo Social en la Universidad Nacional de Asunción (UNA). Para llegar diariamente hasta el campus de San Lorenzo debe utilizar el único colectivo interno disponible desde su comunidad y realizar posteriormente otras conexiones.
El resultado es un gasto de seis pasajes por día solamente para poder estudiar. En ocasiones, incluso pasa más tiempo viajando que dentro de las aulas.
Damiana reconoce que una beca es fundamental para poder continuar sus estudios y relata que otros universitarios atraviesan situaciones todavía más difíciles, incluso con problemas para cubrir su alimentación.
A las dificultades económicas se agrega la discriminación que, según su testimonio, enfrenta por ser indígena. Pese a ello, mantiene su objetivo de graduarse y utilizar su formación profesional para trabajar por los derechos de su comunidad.
EL TEMOR DE ESTUDIAR AÑOS Y QUE EL TÍTULO NO SIRVA
La preocupación no termina en conseguir dinero para estudiar. Para otros jóvenes existe además el temor de dedicar cuatro o cinco años a una carrera y descubrir posteriormente que esta no cuenta con las habilitaciones o acreditaciones correspondientes.
Thiara Pérez, vocera de la Unión Nacional de Centros de Estudiantes del Paraguay (Unepy), relató el caso de un familiar que llegó hasta el último año de una carrera y posteriormente descubrió problemas con su acreditación, situación que lo obligó a trasladarse a otra institución.
La estudiante reclama que las autoridades brinden seguridad a quienes ingresan a la educación superior y garanticen que las carreras ofrecidas cumplan con los requisitos correspondientes.
Tamara Ruiz Díaz, también vocera de la Unepy, manifestó una preocupación similar. La joven señaló además las diferencias de preparación existentes entre estudiantes provenientes de colegios públicos y privados, una desigualdad que posteriormente puede sentirse al momento de intentar ingresar a una universidad.
EL CASO HERNÁN RIVAS Y LOS TÍTULOS CUESTIONADOS
El contraste adquiere una dimensión política con el proceso judicial que enfrenta el exsenador Hernán Rivas.
Rivas llegó a presidir el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados (JEM) utilizando un título de abogado que posteriormente quedó bajo sospecha. Actualmente enfrenta un juicio oral por presunta producción mediata y uso de documentos públicos de contenido falso.
La Fiscalía sostiene que Rivas no cursó la carrera de Derecho entre 2010 y 2015 en la Universidad Sudamericana y afirma que fueron utilizados documentos presuntamente apócrifos y sin trazabilidad académica para gestionar su matriculación ante la Corte Suprema de Justicia. Estas afirmaciones corresponden a la acusación fiscal y deberán ser resueltas judicialmente.
La investigación sobre títulos presuntamente falsificados alcanza una dimensión todavía mayor. De acuerdo con la publicación, una investigación fiscal encabezada por Teresa Sosa indaga la posible existencia de unos 1.500 diplomas falsificados registrados en el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC).
JÓVENES PIDEN MAYORES GARANTÍAS
Los estudiantes reclaman controles más estrictos sobre las instituciones y carreras ofrecidas en el país.
Entre sus principales pedidos aparecen una mayor fiscalización de las instituciones irregulares, información clara sobre las acreditaciones y garantías de que los títulos obtenidos después de años de estudio tengan validez para el ejercicio profesional.
También plantean reducir las diferencias educativas entre colegios públicos y privados, especialmente porque esas brechas terminan afectando posteriormente las posibilidades de ingreso y permanencia en la universidad.
CUANDO EL TÍTULO VALE MÁS QUE EL CONOCIMIENTO
El especialista e investigador en educación superior Jorge García Riart identifica otro problema detrás de esta situación: el denominado “credencialismo”.
El concepto describe un sistema en el cual el título termina funcionando principalmente como una credencial para acceder a determinadas posiciones, dejando en segundo plano los conocimientos, la investigación y las verdaderas competencias profesionales.
García Riart vincula esta situación con la expansión de la educación superior privada y con debilidades históricas de los organismos encargados del control. Según el especialista, alrededor del 80% de la oferta educativa superior está actualmente en manos del sector privado.
El investigador considera necesaria una estructura capaz de brindar información permanente y confiable a estudiantes, profesionales y al propio Estado sobre el funcionamiento del sistema universitario.
ESTUDIAR SIN SABER QUÉ PASARÁ MAÑANA
La educación continúa siendo para miles de jóvenes paraguayos una de las principales herramientas para intentar mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, llegar al título puede significar años de gastos, viajes, sacrificios familiares y dificultades económicas.
A ese esfuerzo se suma ahora otra preocupación: tener la certeza de que la institución elegida está habilitada, que la carrera cumple con las exigencias correspondientes y que el título obtenido después de años de estudio tendrá verdadero respaldo.
En el Día de la Juventud, las historias recogidas muestran una generación que sigue apostando por estudiar, pero que reclama reglas claras, controles efectivos y un sistema donde el esfuerzo académico tenga el mismo valor para todos.




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